domingo, 4 de enero de 2015

Como, luego aprendo.

La actividad que se nos propuso en el aula se salía bastante de lo normal. Consistía en que cada persona o cada grupo reducido (Es decir, dos o tres personas) realizara un plato de cocina creativo para presentarlo en el aula. El objetivo era el desarrollo de factores que tienen lugar en reuniones informales para reproducirlos en los espacios educativos.


Personalmente creo que la actividad se desarrolló de manera muy efectiva, ya que logramos un clima en el que todos estábamos a gusto y con todos. Además era una situación bastante aislada a la rutina del resto de las clases. Incluso la disposición del aula no era propia de un aula: Se colocaros dos o tres mesas seguidas en las cuales colocamos todos los platos que habíamos llevado. A uno de los lados de la misma, se había dispuesto bebidas, vasos y cubiertos de plástico. El resto de las mesas estaban alejadas de la principal para dejar más espacio y libertad. Y, lo más extraño, el profesor no era el profesor y los alumnos no eran alumnos, sino que todos fuimos igual de partícipes en la actividad.
Una vez todos habíamos colocado nuestros platos en la mesa, nos dispusimos a acercarnos y aprobar los que más nos apetecían. En lugar de estar todos de una manera estática en cada mesa, estábamos todos con todos y todos hablábamos con todos. Conseguimos un clima en el que todos estábamos muy cómodos y en el que todos hablábamos con todos.  Además, en esta actividad no solo participábamos nosotros, sino también los compañeros de infantil, lo que hizo de la actividad algo muy peculiar.

Observamos al analizarla que tanto la disposición de los elementos en el aula como la actividad en sí y el clima que se respiraba, fomentaban la convivencia y la socialización. Todos hablábamos con todos, no tenías que mantener el silencio porque "estás en clase", sino que se fomentaba el murmullo, lo que ayudaba también a que nos encontráramos cómodos y con libertad de decir lo que nos apetecía y comunicarnos libremente. Otro de los aspectos que cabe destacar es que podemos hablar de horizontalidad frente a verticalidad en el aula. En esta sesión, alumno y profesor estábamos a la misma altura y éramos partícipes de igual modo en la actividad, cosa que se sale bastante de una clase normal. 

Además, como ya he dicho, era un clima en el que todos podíamos sentirnos cómodos y relajados, lo que hacía más fácil que nos sintiéramos libres de acercarnos a unos y a otros para compartir experiencias y hablar de cosas como qué tal el curso, interesarnos por la vida del otro, por cómo ha preparado su plato, etc. Me ha parecido una actividad bastante innovadora y a mi en concreto me ha gustado mucho y creo que se ha demostrado que la disposición del aula, el fomento del murmullo y convivencia, el crear un entorno en el que nos encontremos cómodos y relajados, puede favorecer el aprendizaje. Así que tal vez es hora de plantearse cambiar algunos aspectos que reinan en la educación actual y en los espacios en que la misma tiene lugar, para favorecer y facilitar el aprendizaje, más aún cuando estamos comprobando que las técnicas que se salen de la rutina funcionan bien e incluso son más efectivas.


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