La metáfora consiste en entender el árbol como fuente de conocimiento.
Si analizamos la población de vegetación de cada lugar, veoms que cada una tiene unas características diferentes. No en todos los lugares hay palmeras, ni en todos los lugares hay encinas, sino que cada uno aparece en los lugares que se adecuan a sus características. ¿Qué significa esto? Pues significa que un árbol puede decirnos más de lo que a simple vista parece.
Los árboles nos hablan sin decir nada de las características del entorno que lo rodea, es decir, el clima, el tipo de suelo, el relieve, la altitud... Y junto a las características físicas, nos habla también de la historia de cómo se han formado y de todo lo que lo acompaña. Con los maestros sucede algo parecido.
Los maestros tienen que servir para explicar lo que nos rodea, pero no sólo el aquí y el ahora, sino todo lo que ha pasado, cómo ha pasado, por qué ha pasado... y no solo eso, sino enseñarnos a razonar, con el objetivo de entender por qué suceden las cosas y tratar de anticiparnos a lo que va a pasar.
Un maestro tiene que ser como un árbol y servir para mucho más de lo que parece. No debe conformarse con lo que ya sabe ni creer que lo sabe todo. Debe seguir creciendo, cada día, empaparse de conocimiento y nutrirse de más y más información, porque el mundo y la sociedad est´man en constante cambio, y eso significa que si no es constante, nosotros tampoco. SI queremos poder adaptarnos a ella, tenemos que conocerla todo lo posible. Un maestro no puede permitirse dejar de aprender al igual que un árbol no puede dejar de crecer. Seamos nosotros un árbol.






