A día de hoy, en el proceso
educativo nos encontramos con una relación asimétrica entre el alumno y el
profesor. Una verticalidad en la que el profesor está siempre por encima del
alumno; El profesor es la figura de autoridad, es que más sabe, al que no se le
rebate nada, el que nunca se equivoca, al que no se debe corregir… Todos
sabemos que es así.
Y sin embargo, al mismo tiempo tratan de convencernos de
que no es así, de que somos iguales, de que tenemos que hablar y participar en
clase, que equivocarse es bueno para aprender… Pero a la hora de la verdad, no
se permite compartir el poder, compartir el conocimiento e intervenir si un
maestro se equivoca.
Por eso hay que revolucionarse. Por
eso hay que romper esa relación vertical entre profesor y alumno. Por eso
debemos ser ignorantes sabios y no conformarnos con lo que sabemos ni pensar
que lo sabemos todo, sino que debemos buscar y empaparnos de conocimiento.
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