jueves, 13 de noviembre de 2014

Pedagogía y Poder

A día de hoy, en el proceso educativo nos encontramos con una relación asimétrica entre el alumno y el profesor. Una verticalidad en la que el profesor está siempre por encima del alumno; El profesor es la figura de autoridad, es que más sabe, al que no se le rebate nada, el que nunca se equivoca, al que no se debe corregir… Todos sabemos que es así. 
Y sin embargo, al mismo tiempo tratan de convencernos de que no es así, de que somos iguales, de que tenemos que hablar y participar en clase, que equivocarse es bueno para aprender… Pero a la hora de la verdad, no se permite compartir el poder, compartir el conocimiento e intervenir si un maestro se equivoca.
¿Qué por qué? Porque no está bien que razonemos y pensemos por nosotros mismos. Porque si razonamos, si nos equivocamos y aprendemos, si tenemos nuestras propias ideas, podemos pensar por nosotros mismos y entonces el poder peligraría. Porque quien controla la educación, tiene el poder, y es más fácil persuadir a una panda de borregos que tratar de convencer de algo a quienes tienen uso lógico de razón y a quienes tienen ideas propias. Porque el error como ignorante me lleva al conocimiento, y el conocimiento es un peligro para el poder. Por eso la escuela penaliza el error. Yo tengo derecho a equivocarme y debo equivocarme, pero si lo hago terminaré llegando al conocimiento, y eso al poder no le conviene.
Por eso hay que revolucionarse. Por eso hay que romper esa relación vertical entre profesor y alumno. Por eso debemos ser ignorantes sabios y no conformarnos con lo que sabemos ni pensar que lo sabemos todo, sino que debemos buscar y empaparnos de conocimiento.

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